MARGARITAS EN LA AZOTEA

Cuando las margaritas se abren paso y crecen espléndidas entre las juntas de las baldosas de la azotea de mi casa, en un edificio de cinco pisos, una se pregunta que clase de misterio es ese ¿o no?

Ante todo honestidad, quedaría estupendamente si compartiera mi reflexión personal con vosotros, porque esta es de las buenas, pero la verdad es que Manu Coloma no se lo merece, Manu escribe un artículo en la revista  OPINASÏNTESIS.com  que me ha dado respuesta a tan inquietante pregunta. Se titula así,

Una flor en el cemento.

< Cuando veo una flor creciendo en alguna grieta del cemento, a veces veo simplemente eso, una flor, pero otras veces, cuando por alguna razón mi mente está despejada, y mis ojos bien abiertos, la veo creciendo en el suelo árido, y de repente ya no veo sólo una flor; veo VIDA. La Vida como una mágica, increíble e hiper-contagiosa energía que siempre encuentra la forma de perdurar y de extenderse, incluso en las peores condiciones.

 

 

Así que sigo mirando la florecilla y, mientras veo mis preocupaciones y temores desaparecer, me doy cuenta de que también se está marchando mi noción del tiempo.. porque he sentido cómo las flores no se preocupan por el tiempo. Ellas no tienen miedo de morir demasiado pronto, y es por eso que no cuentan cuántos días han vivido. Llegan a la vida, cumplen su función, disfrutan de la luz del sol, y cuando llega su momento vuelven a la tierra y se marchan de esta vida sin lamentarse por ello, con el equipaje cargado de todos los amaneceres contemplados. Las flores parecen haber descubierto que cada sencillo instante es eterno.El cielo está en la tierra, y una simple flor puede ser su puerta

 

Un poco de ciencia 

Margaritas que florecen entre grietas de cemento. Y viene a mi mente  un dramaturgo, poeta y  naturalista aficionado a la entomología, Premio Nobel de Literatura en 1911, autor de un maravilloso libro «La Inteligencia de las Flores», se trataba de  Maurice Maeterlinck 

 

 

En mi anterior blog: https://martaescalante62.wixsite.com/enlaflordelavida, escribí sobre flores, misterio y ciencia, en un post que aún encontraréis en GOOGLE, La Inteligencia de las flores. El caso de las flores llamó la atención de Maeterlinck  Narra el caso de una planta y una bota vieja que le impedía crecer, para sortearla se bifurcó en pequeñas raicíllas cada una de las cuales penetraba por la costura como si se tratara de una hebra de hilo, una vez sorteado el obstáculo la raíz proseguía su camino. Un episodio que demuestra que la flores son inteligentes, en tanto que ellas viven desde mucho antes de que existiera el hombre, en función del amor, ellas habitan la Tierra hace más de 130 millones de años.

Un día feliz en pleno estado de alarma.

Fue una mañana de primavera, No tuve más remedio que subir a la azotea cuando caí en la cuenta de que Diciembre estaba a la vuelta de la esquina y yo aún no había bajado del trastero ni el Belén ni el Árbol. de Navidad. Coartada perfecta porque en mi edificio los trasteros están arriba, en la azotea, una gran azotea. Si Pablo Iglesias acudió al Consejo de Ministros saltándose la cuarentena en época de confinamiento,  subir al trastero a coger el Belén no solo no es reprobable sino que muestra una mente que se anticipa a los acontecimientos, teniendo en cuenta que ya estábamos en Abril. Sin más dilación cogí las llaves, un gel desinfectante y una crema de protección solar factor 50. Me pudieron las ganas de un buen chute de vitamina D, la carne es débil. Sí, tengo que reconocer que me sentí «libre como el Sol cuando amanece», una de mis canciones favoritas de Nino Bravo, pero tuve un par de sensaciones francamente desagradables. Subo la escalera, abro la puerta previa desinfección del pomo ¿y qué me encuentro?, eso sí, a más de 4 metros de distancia, a un hombre de mediana edad sentado en una silla,con una lata de HEINEKEN en la mano, mirándome fijamente. Doy un brinco y  grito, el hombre de mediana edad me mira y con una inquietante sonrisa me dice – tranquila, estoy meditando – y yo le respondo – en ese caso no le molesto, continúe ,continúe, no le molesto, yo voy al trastero. 

 No es agradable sufrir un TOC, eso lo saben todos los españoles en tiempos de confinamiento, pero como dicen en la tele !unidos lo superaremos!  Una enorme ansiedad, una desazón fue lo que sentí al comprobar que ni siquiera había recorrido un kilómetro, concretamente fueron 840 metros después de 10 vueltas a la azotea que recorro en 84 pasos de punta a punta. Muchos lo han sufrido en el pasillo de su casa. Trastorno Obsesivo Compulsivo numérico, TOC, háganselo ver, yo ahí lo dejo. 

Recapitulemos, AZOTEA = ENCUENTRO CON YOGUI + TOC + MARGARITAS AMARILLAS

 

 

A medida que me acercaba con paso marcial al final de la pared, vi algo que refulgía en una esquina del suelo, 3 0 4 destellos me deslumbraron, me agaché al suelo, !sorpresa! mejor dicho !milagro!, eran margaritas amarillas silvestres aflorando entre las baldosas. Vivo en un quinto piso, estoy paseando sobre un suelo perfectamente enlosado del que nacen margaritas como en un prado pero no, no, esta vez no exclamé con mi expresión infantil  !Ay que monas, florecillas silvestres!

 Pensé que estas margaritas no tenían que pasar por los agujeros de ninguna bota, el caso que nos cuenta Maeterlinck,  «tan solo»  atravesar cinco pisos desde una calle perfectamente asfaltada, subir tuberías, paredes ¿o qué? la verdad, me produjo cierta inquietud ¿habitantes de otro planeta ? ¿una civilización superior que había evolucionado en forma de flor?  pensándolo bien mejor eso que lo que se inventan en las pelis de ciencia-ficción, seres que llegan de otros planetas en forma de pulpo o gusanito. Entonces… me tranquilizo pensando que quizá simplemente fueran unas margaritas con recursos, sí señor, que decidieron poner su semilla en un lugar árido entre dos baldosas de una azotea. Unas margaritas valientes, que se dijeron a sí mismas – ea pues aquí me planto –  como un colono americano en medio de un prado preguntándose donde levantar su cabaña. El milagro de la espontaneidad, nunca mejor dicho, pero como las condiciones de sobrevivir en ese medio tan hostil eran poco probables, decidí alargar su vida un poco más, llevarlas a mi casa y sumergirlas en un florerito de cristal muy cuki, el que se merecían.

Si os soy sincera lo que yo quería es verlas en mi casa alegrándome un poco la vista con su color amarillo sol, creo que permanecieron con nosotros 4 o 5 días, es posible que entre las baldosas su vida hubiera sido algo más larga. Pero me consuelo pensando en Manu Coloma cuando nos dice «Ellas no tienen miedo de morir demasiado pronto, y es por eso que no cuentan cuántos días han vivido. Llegan a la vida, cumplen su función, disfrutan de la luz del sol, y cuando llega su momento vuelven a la tierra y se marchan de esta vida sin lamentarse por ello, con el equipaje cargado de todos los amaneceres contemplados. Espero que estas humildes florecillas me perdonen por haber sacrificado algún día más de su vida, aunque antes de fenecer les di la  oportunidad de encontrarse con otros seres tan maravillosos como ellas. A pesar de que en la foto parece que tan solo podían ver un edificio de casas anodino y gris,  en realidad las asomé un poco a la ventana para que disfrutaran de un hermoso balcón repleto de geráneos rosas y rojos. A mí me  gustan todas, flores de tela, de azúcar, de invernadero pero…como estas margaritas, ninguna.

 

Este artículo está basado en hechos reales que ocurrieron en Madrid durante el confinamiento de la población a causa del covid19 de 2020.