Los claveles de Eduardo

El clavel «marida» con todo, Fiesta, Toros, Poesía y Revolución.

Claveles en la plaza adornan el cabello de las damas, claveles en el ruedo reconocen las hazañas, las flores siempre nos acompañan, son a veces lo que no podemos expresar con palabras.

Principios de los 80. Fiestas de San Fernando en Cáceres. 17 años. Habla mi Tía Yuyes: !niñas, niñas, que hoy os llevo a los Toros. Pantalón blanco, camisa de seda azul pastel y por supuesto un clavel rojo en el pelo que me pegaba lo que a un santo dos pistolas. Seguro que mi querida tía se quedó con ganas de ponernos peineta y mantilla, pero en el último momento decidió que estos eran otros tiempos, gracias a Dios. Alucino con el Espectáculo. Acabo de recordar que toreaba Espartaco, ese torero tan mono, casi un niño, que empezaba a ser famoso. Colores que te hipnotizan, rojo, gualda, rosa, color alvero, música que te enardece, un momento excitante antes  de la  lucha. Y sobre amarillo, negro. Se oye un tropel en el ruedo. Fue emocionante, una tarde alegre pero…el drama ya lo conocemos y el desenlace también.

 Pero no nos desviemos , de los 80 a los 2000, Plaza de las Ventas, gente de postín y prosapia, Marichalar compartiendo asiento, el detalle de las pulseritas de cuero le daba un puntito de modernidad. Como los buenos aficionados, se contiene en los gestos, las emociones van por dentro, que no se pierda la elegancia y pienso…Jaime es un entendido de la Fiesta. Después de este larguísimo intervalo de 40 años desde aquella Corrida de San Fernando, tenía grandes expectativas, de sentir la misma emoción en las Ventas de Madrid,  iba con  los cinco sentidos abiertos. Pero ¡oh desilusión, un público indisciplinado, voces a destiempo, groserías… y esta vez no me alegro. En mi recuerdo queda aquella primera vez que pisaba una plaza, me fascinó la belleza que entraña la Fiesta,  embriagada de colores brillantes, de música… pensé que Espartaco era demasiado joven para morir, eso sí.  Pero el otro día, en las Ventas, ni toros, ni toriles, ni ruedo, ni amarillo ni gualda. La valentía y nobleza del caballo, sumiso y obediente al picador, aguantando estoicamente las embestidas del toro me entristecía.   Me duelen las banderillas como si me las clavaran a mí y sin embargo  la lid saca lo peor y lo mejor de tí,  el momento te contagia, yo diría que te contamina  la fiereza del toro y el coraje del torero, es un contagio viral que se extiende por el tendido  y que no estoy calificando de bueno o malo, simplemente es algo que se te mete en el cuerpo, como el covid19.

No salí contenta de Las Ventas, ni manzanilla, ni raciones de calamares y gambitas, quería volver a casa. El otro día releyendo un artículo de Anabel Vázquez en la revista Vanity fair – sección Lyfestyle,  pasé un rato muy entretenido y aunque a algunos les parezca una frivolidad, no lo es en absoluto. Hay que saber ir vestido correctamente según la ocasión a cualquier lugar,  a los toros también. Yo desde luego no lo tengo muy claro pero creo que Nati Abascal tampoco…ya me diréis.  El artículo se refería a las Fiestas de San Isidro del pasado año. Os lo recomiendo, pinchar en el enlace  https://www.revistavanityfair.es/lujo/lifestyle/articulos/protocolo-snob-comportarse-corrida-de-toros/31073

 

 

 Llegamos al final, hablemos de la presencia  del clavel en la Pintura.  La fascinación de Pablo Ruiz Picaso  por la Fiesta es de todos conocida.  En 1917 pintó una mujer morena, una Manola. Utilizó una técnica mixta de trazo clásico y puntillista, a la manera de los postimpresionistas y la adornó con mantilla, peineta…y  un clavel rojo en el pelo. Es uno de mis dibujos preferidos en Pablo Picaso  no es frecuente encontrar dulzura en los rostros que pintaba.

 

Y acabo donde empecé con  ese libro tan especial que llegó un día por Amazón, El Jardín del Prado. 

 Hoy me despido con un clavel rosa pintado por Goya en uno de sus cartones para tapices, El Columpio.  El propio autor, con su peculiar ortografía lo describe como «Una familia que han salido al campo a divertirse, cuatro niñas y tres criadas la una se está columpiando en una cuerda.» Algunos dicen que se trata de una alegoría de las Tres Edades de la vida, o  que contiene un mensaje secreto.  Yo de momento me quedo con la descripción somera que Goya hace de su propia obra. Y por supuesto con la mirada sensible del investigador botánico, paisajista y profesor Eduardo Barba,y la conexión  a través de la Botánica, con sus recuerdos más queridos, como el de su abuela dándole a oler un clavel de su huerta