MIS FLORITURAS – El Don de la Palabra

Inteligencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas…
¡Inteligencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas!

Juan Ramón Jiménez

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Los poetas líricos sienten sed de la palabra exacta, es en ellos una imperiosa necesidad. La palabra surge milagrosamente en el poeta envuelta en un halo de misterio. La palabra exacta es un don, se crea, como un destello de luz, en el cerebro del artista.

En lo que a mí se refiere creo que mi palabra poco a poco irá recorriendo su propio camino. Yo aún la siento falsa, falsa y escasa, así siento a esta vieja compañera que camina por mi alma y es como un amante infiel. Por eso imagino colores nuevos, pigmentos para trazar una idea, un concepto, un pacto sin palabras entre la Tierra y el Cielo, un arco perfecto, antiguo lenguaje, primigenio. Sólo desde el vacío y el silencio podemos aprender el mundo. Por eso hoy recuerdo quizá este libro de poesías que despierta en mí una gran esperanza.

«El Don de la Ignorancia»

Ni falta ni sobra una palabra en el título de este poemario de José Corredor Matheos publicado en 2004. Afortunada yo por escuchar estas cinco palabras. Ignorancia, esa palabra con la que despreciamos la falta de conocimiento. Bendita ignorancia, habrá que buscar con humildad el sentido de las cosas. Nacer ignorantes es el mejor don que hemos recibido al nacer.

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El 30 de marzo de 1746 en Fuendetodos, un pueblecito de la provincia de Zaragoza, nació Francisco de Goya. El artista murió en Burdeos, el 16 de Abril de 1828. Goya murió sordo, viejo y solo pero murió sin miedo a conocer el lado más oscuro del ser humano. No tuvo opción, el «ruido» no distrajo su espíritu, su sordera le obligó, fue valiente y no enloqueció, no tuvo miedo a escucharse a sí mismo, aunque el sueño de la razón le produjera monstruos. Mantuvo intacto, hasta el final de sus días el Don de la Ignorancia. Anciano, deprimido, cansado pero firme, en pie, apoyado en dos bastones, nos dejó un último dibujo,

Doy gracias a Dios por el don de la ignorancia, para poder llegar al final, como lo hizo Francisco de Goya, diciendo al mundo…AÚN APRENDO.

————————————————————————, Desde que era niña no me había tomado unas largas vacaciones y ahora sin duda las voy a disfrutar, porque nunca le di tregua a mi mente, pensaba sin descanso, intensamente, agotadoramente, de día y de noche, realmente  al borde de la extenuación, pensaba hasta sin palabras, porque la palabra exacta aún no me habitaba, aún era totalmente analfabeta, no hablaba, pero aprendí el lenguaje de los sordos, el de los gestos y las miradas. Y fueron tejiendo los años la tela de araña. Ahora por fin me encuentro con la palabra escrita y la lectura rápida.

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No recuerdo, creo que fue la primavera pasada, caminaba sin prisa, disfrutando de un largo paseo por la Dehesa de Majadahonda, una isla de naturaleza en estado puro rodeada por un mar de asfalto gris y cables de alta tensión, entonces la escuché, entre pinos y encinas, en un atardecer que se despedía en colores inesperados, rosas, violetas, amarillos, claros, no la ví, pero ella hablaba en  silencio, con un batir de alas blancas, no era yo quien hablaba, fue la Paloma, mi alma por fin escuchaba.

Enmudece la tarde

la Paloma habla,

en sus alas blancas

lleva el Don de la Palabra

y la tarde se rinde,

claudica

y calla.

Para estas vacaciones obligadas mi «yo» necesita algo de silencio y un poco de paz.