Cuando las flores sacaron  los pies del tiesto.

                   

 

 

Me gustan los dichos, los refranes y las frases hechas. “Sacar los pies del tiesto”. Cuando escucho esta expresión pienso en alguien interesante, que se aleja de lo establecido, que es capaz de rebelarse ante la vida y vivirla a su libre albedrío.

Me encanta esta expresión  tan sugerente, seguro que a vosotros también os pica la curiosidad por saber su origen. Mi querida R.A.E nos desvela el misterio.El origen de esta expresión es cuando menos curiosa. Viene de antaño, de la crianza de gallinas y pollos en los pueblos. Para asegurar que los pollitos comieran  y tenerlos controlados se les colocaba en un recipiente o vasija

 

de barro. El pollito que saliera de allí debía ser incorporado de nuevo al tiesto o corría riesgo de perderse o morir de hambre.

 

 

Por asociación de ideas cuando decimos que alguien saca los pies del tiesto, nos referimos a una persona que rompe con las normas establecidas por rebeldía o ignorancia.

Pero volvamos a las flores que es nuestro tema, a veces, las flores no son tan delicadas e inocentes como pensamos, algunas tienen un recio carácter, como la de este cuento que os voy a narrar.

Érase una vez una flor que no era feliz en la tierra donde nació, en una pequeña maceta, un tiesto pequeño que no la dejaba crecer. Un día se levantó con ansias de libertad y abandonó su hogar y comenzó a caminar en busca de una vida plena y mejor.

Después de varias jornadas caminando cara al Sol, decidió pernoctar en San Miguel del Camino, una pequeña aldea de la provincia de León, se decía que allí había un albergue para peregrinos muy agradable. Nuestra flor ansiaba llegar a Santiago de Compostela, besar al Santo y dar un nuevo rumbo a su vida.

Al amanecer, ya fresca con el  relente de la madrugada, continuó su andadura.

Anduvo un largo trecho, cuando de repente vio un bulto en el borde de la cuneta, le pareció un gazapo, pero al acercarse comprobó que se trataba simplemente de una bota vieja, sin cordones y con la suela rota. La flor se acercó y la bota le habló: hola flor ¿a dónde vas?

Ayer abandoné mi casa en busca de una vida mejor – le respondió la flor,  la bota le contestó – yo quería llegar hasta Santiago y besar al Santo, pero me abandonó el pie que me calzaba y me dejaron aquí sola, sin ni siquiera decirme adiós. Entonces la flor le dijo  – se me ocurre una idea, si tú me das cobijo, yo te daré mi vida, quizá no podamos  llegar a Santiago, pero podemos darnos una segunda oportunidad.

 Creo que te daré un buen motivo para vivir y a cambio tú serás mi tiesto,  creceré en tu vientre alimentada con el agua que caiga del Cielo, y cuando llegue el verano yo te daré un hermoso capullo. Te sentirás orgullosa de llevarme dentro, nos quedaremos al borde del camino,  la gente se acercará a vernos, nadie nos hará daño, San Miguel nos protegerá.

Y esta es la historia de amor de una bota y una flor.

Caminante, si pasas por allí, a mitad de camino entre San Miguel  y Santiago, las verás. No les niegues un poco de agua, ellas viven de la caridad y…colorín colorado, este cuento se ha acabado.

 

Esta primera entrada de Florituras, no puede terminar más que como comenzó, con fidelidad a la Real Academia de la Lengua, de la que tanto aprendo. Y es que según la R.A.E, “sacar los pies del tiesto” puede también referirse a una persona tímida que empieza a atreverse a hablar o hacer otras cosas.

Por cierto, cuando yo saque los pies del tiesto no quiero que ningún Príncipe Azul venga a calzarme el zapato, prefiero que sea Melendi quien me cante… “déjenme que baile con otros zapatos, unos que no aprieten cuando quiera dar mis pasos”, bonita canción.